martes, 25 de mayo de 2010

LA DIVINA PROVIDENCIA

He oído muchas veces, que las cosas pasan porque tienen que pasar...., la última vez fue en los probadores de una tienda de ropa, en donde una chica le decía a otra entre cortinas, al parecer porque había roto con su novio, estas mismas palabras.
Que fácil es echar la culpa de lo que nos sucede en la vida, al libre albedrío, al porque sí, al destino, pero qué parte nos queda a los seres humanos, a la hora de tomar decisiones, de cometer errores, o incluso de acertar.
Preferimos pensar que a la hora de tomar decisiones, un porcentaje muy pequeño corresponde a la libertad de elección del ser humano, y el resto, en mayor medida, a la divina providencia; y lo preferimos, porque nos quitamos un gran peso de encima cuando algo no sale como esperábamos, o cuando por contra, algo se presenta tal y como lo habíamos soñado, y es que a veces hay que tener cuidado con lo que se desea, porque suele hacerse realidad.
En este mar de divagaciones en que me sumerjo, no consigo averiguar cual es el camino a tomar, y mientras tanto, me dejo flotar para que el destino, ya que yo no tengo agallas como los peces, me arrastre hasta la isla que corresponda. He naufragado varias veces, no sería la primera vez que consigo agarrarme a un madero a la deriva en el último instante antes de morir ahogada, pero ¿y si esta vez el madero no aparece a su debido tiempo?, seguro que sí, confío en que la divina providencia me tenga reservado algún trocito de madera, que me lleve a la isla definitiva donde todos los humanos sueñan con llegar algún día. Welcolme to paradise.

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