viernes, 4 de junio de 2010

A TU RECUERDO

Me acuerdo mucho de ti, sobre todo cuando cae la noche y no llega tu llamada. Solía ser la última,
y la recibía como el indicativo justo de que ya era hora de caer en los brazos de Morfeo. Yo sabía que al colgar el teléfono, aún te quedarías unas horas más de duermevela en tu sillón, y es que amabas la noche, aunque ponías escusas acerca de tu insomnio, yo sé que te encantaba ese silencio rotundo, esa intimidad de la casa vacía, de la cama solitaría en la que se quedó grabada la silueta de tu amado, que marchó antes que tú.
A penas nos contábamos nada nuevo, pequeñeces del día a día, pero tu siempre acababas preguntándome que cuando volvería, y yo siempre la misma contestación, depende..., y cuando ya te cerciorábas de que estaba sana y a salvo, te despedías de mi con un beso sonoro, y un adios que escondía tras de sí una sonrisa.
Daría lo que fuera, por volver a escuchar tu voz, por encontrarte en la cocina cada vez que vuelvo al hogar donde pasé mi infancia, porque me inundaras con tus abrazos adsorventes y tiernos, y me miraras con esos ojos picarones tras las gafas doradas siempre a juego con tus joyas, siempre tan arregladita y coqueta a pesar de tus dolencias arratradas con los años, y que a veces pienso que yo heredaré. Pero ya es tarde, todos los besos que no te di, todos los abrazos que desperdicié, todos los te quiero que no llegaron a tus oídos, se quedaron en el cajon del corazón que tenemos destinado a ello. Aunque tu ya lo sabías, conocias todo eso y mucho más, conseguías abrir ese cajón, hasta cuando yo lo cerraba con la llave que después tiraba al mar en muchas ocasiones. Cuando me sentaba a tu lado y me quedaba callada, tú de sobra presentías que algo me reconcomía el alma, y poco a poco, como la amiga que siempre espera el momento oportuno, con las palabras mas certeras, liberabas el genio que se escondía en mi pecho, y yo volvía a sonreir.
Todavía hoy eres la reina de mi casa, te guiño un ojo cada vez que paso por delante de tu fotografía, y me contestas con esa sonrisa que se quedó congelada en aquel momento en el que el abuelo te echaba el brazo por encima, como siempre, y te digo ¡Guapa!, y sé que tu me oyes, y que sonries como en la foto.
No se si creo en el más allá o en el más acá, pero a veces te siento más en el segundo que en el primero, y algo me dice, que volveré a verte un día, y espero que ese día puedas sentirte orgullosa de mi, porque soy como tu me hiciste, un poco revelde, pero con causa, ABUELA.

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