Ahora paseo por la vida despacio, con calma, a veces mis pies casi no tocan el suelo, parezco flotar con la brisa que se levanta cuando paseo, mi corazón se acelera con algún pensamiento de bienaventuranza, porque mi mente ya cicatrizada, presiente que algo muy bueno se acerca, pero no hay que tener prisa, todo llega cuando tiene que llegar, mientras tanto, se aprende.
La vida es el mejor maestro, nos enseña, que hay que saborear cada minuto de concordia con el ser humano que te regala, mirar, palpar, escuchar, oler, palpitar, todo a nuestro alrededor nos comunica alguna señal imprescindible para seguir adelante, para tomar un camino u otro, para acertar o equivocarse.
Ninguna puerta se cierra, si antes no se ha abierto otra, esa es la benevolencia para con nosotros, caminar sólos es el principio para caminar atados, atados a un corazón, a unas manos, atados a la mente de otro ser que también piensa en nosotros, aunque el camino en solitario a veces se hace largo y angosto, no debemos rendirnos, en el horizonte que se aproxima, está la recompensa.
Hay que creer para crear, hay que sentir que lo bueno ya está en nuestras vidas, y entonces llega, no lo dudes ni por un segundo, más temprano que tarde, lo bueno llega.
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